Ruleta urbana
Infiernos conmemorativo
Abril 2008: Hay de infiernos a infiernos pero uno de los más temidos por cualquier adolescente en México es, sin lugar a dudas, tener que participar en el desfile del 20 de Noviembre. Las personas se acumulan en las calles del centro de la ciudad, jóvenes son sacados de las clases durante meses previos al evento para pasar horas bajo el sol marchando o practicando pirámides humanas al ritmo de la banda de guerra de la escuela.
Tambores, cornetas, baras que vuelan por los aires, banderas, carros alegóricos e inocentes creaturas desfilando bajo el sol enmarcan la celebración de la Revolución mexicana.
Para las personas como yo, que tenemos dos pies izquierdos y nos es prácticamente imposible eso de “seguir el paso” y mover los brazos al mismo tiempo, es una verdadera pesadilla participar en el evento. Ahora que ya han pasado algunos años y mis tiempos de preparatoria quedaron atrás, he retomado la historia de nuestro país por gusto y no por obligación. El conocer la historia de mis raíces me ha hecho amar a mi país en una forma diferente, honrar a mis antepasados y a la gente que ha luchado por la libertad de esta patria con amor y orgullo más cercano al Corazón y mas lejano al tequila ofrecido la noche del 16 de Septiembre.
Al parecer las celebraciones patrióticas no importando el país en donde estés requieren de sacrificio. Hoy mi despertador sonó a las cuatro de la mañana, me puse unos jeans, amarré mi cabello y di un toque final a mi estilo de moda desmañanado con un sombrero de lana sobre la cabeza. Cuando llegamos al centro de la ciudad la ceremonia ya había comenzado, hoy se celebra a las tropas de Autralia, Nueva Zelanda y algunas islas del Pacífico que participaron en la primer guerra mundial.
Un ambiente de paz se respira frente a la catedral de Christchurch, una ciudad en la isla sur de Nueva Zelanda, aún está obscuro y se alcanzan a ver cientos de personas que caminan hacia donde estamos Leslie, Stuart y yo. Algunos ancianos, otros más jóvenes con sus hijos portan orgullosos las medallas que alguna vez recibieron sus padres o sus abuelos, lágrimas recorren las mejillas de Stuart que está parado a mi lado junto con su esposa Leslie; su padre, Inglés, combatió en Inglaterra y África. A mi lado está parado un joven que me explica con orgullo que las medallas que porta, son de su bisabuelo el cual perteneció a las tropas que combatieron en Turquía, su rostro se ilumina al hablar de sus antepasados.
Cuando la banda de guerra comenzó a tocar los pocos murullos que se escuchaban cesaron, la ceremonia no duró mas de veinte minutos, no se requiere de muchas palabras en un ambiente de reflexión. Justo al salir el sol, soldados apuntaron hacia el cielo y el estruendo de las armas se dejó escuchar. Las aves marinas que siempre pasean por el centro de la ciudad volaban de un lado a otro desconcertadas y familia tras familia con ramos de flores dejaron su ofrenda frente a un monumento en honor a los soldados muertos en batalla.
Hoy fue un día especial, la ceremonia me hizo recordar lo importante que es conocer mas sobre el pasado de nuestras familias, indagar sobre las generaciones anteriores y honrarlos con sus errores y aciertos. Lástima que lo entendí años después de que por obligación marchaba por las calles de nuestra ciudad mas roja que un camarón con el sol sobre mi rostro. Hoy lo recuerdo y me doy cuenta que el sacrificio es muy poco a comparación de todos aquellos mexicanos que dieron sus vidas por la formación de nuestra patria.
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